Productos ecológicos: ¿inversión en calidad o simple moda?
Los alimentos ecológicos son aquellos que están cultivados y producidos de manera natural, sin ningún tipo de pesticida o producto sintético añadido con la finalidad de mejorar su aspecto, olor o sabor, aunque sí puede contener fertilizantes no sintéticos.
Es por tanto un hecho que se trata de alimentos cuyo consumo es más seguro y saludable: si son de origen animal, el consumidor tiene la garantía de que no se trata de carne hormonada; si son de origen vegetal, que no está ingiriendo productos químicos.
A pesar de que son más respetuosos con el medio ambiente y más saludables, hay numerosos estudios contradictorios sobre la utilidad de comprar alimentos ecológicos, es decir, ¿merece realmente la pena?
Un estudio realizado por la Universidad de NewCastle, en Reino Unido, concluía en 2014 que este tipo de alimentos tienen mayor concentración de antioxidantes, niveles más bajos de metales tóxicos y más ácidos grasos beneficiosos.
Pero la ciencia aún no es capaz de determinar si realmente existe una correlación entre ingerir este tipo de productos y sus efectos beneficiosos. Lo que sí es cierto es que existe toda una industria que, en plena globalización y cambio climático, promete un cambio estructural en la forma de alimentarnos.
La demanda de este tipo de productos está en auge, y ya son numerosas las empresas que han tenido que retirar las etiquetas de "ecológico" en alimentos que realmente no estaban producidos de dicha forma. La industria alimentaria tendrá que adaptarse a las nuevas formas de consumo que, aunque parecen ser más sostenibles y, como mínimo, igual de saludables, en realidad conllevan numerosos gastos añadidos al proceso productivo.
La mano de obra, más selectiva y manual, aumenta el coste del producto final; además, a ello se añade el coste de las materias primas, de mayor calidad, y el gasto de energías, aunque todo ello es compensado por la forma de producción: deja de ser masiva para ser un proceso más selectivo.
La publicidad engañosa ha colmado en algunas empresas, como ha sido el caso de Danone, pero el Estado español lleva luchando contra ello desde 2006, cuando se lanzó la ley que obligaba a los productos 'eco' a tener diversos avales.
Es por tanto un hecho que se trata de alimentos cuyo consumo es más seguro y saludable: si son de origen animal, el consumidor tiene la garantía de que no se trata de carne hormonada; si son de origen vegetal, que no está ingiriendo productos químicos.
A pesar de que son más respetuosos con el medio ambiente y más saludables, hay numerosos estudios contradictorios sobre la utilidad de comprar alimentos ecológicos, es decir, ¿merece realmente la pena?
Un estudio realizado por la Universidad de NewCastle, en Reino Unido, concluía en 2014 que este tipo de alimentos tienen mayor concentración de antioxidantes, niveles más bajos de metales tóxicos y más ácidos grasos beneficiosos.
Pero la ciencia aún no es capaz de determinar si realmente existe una correlación entre ingerir este tipo de productos y sus efectos beneficiosos. Lo que sí es cierto es que existe toda una industria que, en plena globalización y cambio climático, promete un cambio estructural en la forma de alimentarnos.
La demanda de este tipo de productos está en auge, y ya son numerosas las empresas que han tenido que retirar las etiquetas de "ecológico" en alimentos que realmente no estaban producidos de dicha forma. La industria alimentaria tendrá que adaptarse a las nuevas formas de consumo que, aunque parecen ser más sostenibles y, como mínimo, igual de saludables, en realidad conllevan numerosos gastos añadidos al proceso productivo.
La mano de obra, más selectiva y manual, aumenta el coste del producto final; además, a ello se añade el coste de las materias primas, de mayor calidad, y el gasto de energías, aunque todo ello es compensado por la forma de producción: deja de ser masiva para ser un proceso más selectivo.
La publicidad engañosa ha colmado en algunas empresas, como ha sido el caso de Danone, pero el Estado español lleva luchando contra ello desde 2006, cuando se lanzó la ley que obligaba a los productos 'eco' a tener diversos avales.